jueves, 16 de septiembre de 2010
Calaveras y diablitos...
viernes, 30 de julio de 2010
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martes, 27 de julio de 2010
Memorias
Hay cosas de las que quisiera que quedaran plasmadas en un papel y no olvidarlas, como si fueran reglas o acontecimientos que me dejan marcada, hay otras cosas como pensamientos y puntos de vista que tal vez pocas personas comprenderán o que en el peor de los casos los comprenderé yo.
A veces siento que estoy involucionando, esa chispa que me mantenía viva o que al menos hacía sentirme así poco a poco con la edad se ha ido desapareciendo, puede ser el rumbo clásico de la vida o simplemente las experiencias que poco a poco hacen que toda la inocencia ante lo majestuoso y lo desconocido que rodea el destino se vuelva un poco realista y material, tan perceptible que en muchas ocasiones se puede tocar.
Esta vez de lo que quisiera hablar seria del amor, pero el amor en todo su contexto, crecí pensando que algún día un príncipe azul de cabellos oscuros y rodeado de un misticismo hipnótico estaría esperándome en algún lugar del camino, pero la misma vida y el destino se ha encargado de enseñarme sabiamente que primero tengo que aprender muchas cosas antes de aventurarme a entrar en una relación con una persona e incluso otras veces hace que piense que uno se enamora de la persona equivocada, puede que sea por defecto de uno mismo que idealiza tanto la persona que luego se lleva la sorpresa de su vida, sin embargo muy conscientemente te das cuenta que las decisiones están al alcance de tu mano, sólo es escoger cual es la más objetiva y lamentablemente a veces la más objetiva es la más dolorosa y por cobardes escogemos la más cómoda, la que nos evita sufrir pero sólo en apariencia.
Hoy en día no basta con buscar a la persona que te complemente, al parecer eso ya pasó de moda según las nuevas corrientes, sino es buscar a una persona que deje a un lado sus complejos, que en vez de alimentarte tus inseguridades te vuelva una persona mas segura de ti. Ahora con esto no quiere decir que esa persona sea tu “alimento” para poder vivir, sino que sea esa persona que te comprenda, que te respete, y que a pesar de todo te quiera y que te lo diga mirándote a los ojos.
Recuerdo que cuando era niña mantenía enamorada pero al parecer mi enamoramiento era del amor, muy “maduramente” decía que sólo era caprichosa, pero me embebía tanto en esa sensación desconocida para mi, que sufría y “amaba” a la vez a un muchacho que tal vez no supiera que yo existía, sin embargo, hacía lo necesario para llamar su atención, y la verdad no me importaba si estaba haciendo el ridículo o que, solo sabía que esa era yo, la niña enamoradiza. Ahora recordando en este, mi presente, por momentos pienso que hacía sólo el ridículo, que si tal vez hubiese usado más de esas tácticas que uno aprende de joven hubiese logrado lo que quería, sentirme aceptada por un chico. Creo que un día lo logré y creo que fue uno de los días mas felices de mi vida, porque conocí la capacidad que yo tenía en mis manos, sólo que la ignoré por miedo a ver que pasaba y porque no conocía lo que podía pasar después, son viejos tiempos que a veces no vuelven, pero de repente ahora en el presente, siento que esa era yo, era mi mundo.
Metamorfosis

Cae el ocaso y junto a él mi espíritu, mi esperanza
Se ha ido apagando con el paso del tiempo
Se han ido agotando mis fuerzas
¿Será acaso que mi esencia se está transformando?
¿Será acaso otra cara la que se dibuja en mí?
Trato de buscar mi alma en lo profundo de mis ojos
Pero solo hallo desesperanza, odio y rencor,
He ido desapareciendo…Pero entonces,
¿Qué soy yo?
¡Ay! de mi espíritu, no lo encuentro,
Se me perdió en algún rincón de un sórdido recuerdo
¡Ay! de mi vida que ya no es vida solo existencia
¡Ay! de mi risa que se desintegro con el paso de las lágrimas
Ay de ti corazón mío que no te siento.
Cae la noche y sólo me queda un puñado de esperanzadoras estrellas
Cae oscura pero fresca, cae con un respiro más a esta masa
Cierro lo que fueron mis ojos y tejo sueños en mi inconsciencia
Dejándole al destino en sus manos lo que soy, en lo que me he convertido